De la lucha nacen tus superpoderes

por Kailey Lefko, profesora de yoga

Tenía 13 años y era una gimnasta competitiva. Me sentía muy cansada y agobiada.  No tenía nada de energía. Seguro que todo se debía al duro entrenamiento para la competición más importante de mi carrera, eso pensaba.

Recuerdo la pregunta que me hizo mi amiga cuando volví del fin de semana en que había estado compitiendo «¿Kailey eres anoréxica? Has perdido un montón de peso». Eché una mirada a mis rodillas y sí que me parecieron raras y muy huesudas. Pero no, eso no tenía ningún sentido, ¡si yo siempre tenía hambre y comía constantemente!

Mis padres estaban preocupados. Algo no iba bien. Me sentía cansada, hambrienta y sedienta todo el tiempo y ahora parecía que había perdido la mitad de mi peso durante el fin de semana. Mi madre me llevó al médico y después de que se me hiciera un análisis de orina, el pediatra entró en la consulta y nos miró directamente a los ojos. «Kailey tiene diabetes del tipo 1».

Con esas palabras, mi mundo se puso de patas arriba. La semana siguiente, mis padres y yo la pasamos en el hospital informándonos de todo lo que había que saber sobre la diabetes del tipo 1 y cómo vivir con esta enfermedad. Nos enteramos que se trataba de una enfermedad autoinmune y lo que ocurría es que mi sistema inmunitario atacaba a las células que producían insulina en el páncreas. La insulina es una hormona que permite que el cuerpo utilice el azúcar como combustible. No es de extrañar, por tanto,  que estuviera siempre tan cansada, ya que mi cuerpo no podía utilizar nada de lo que yo comía para obtener energía.  La razón por la que siempre tenía tanta sed es porque la glucosa que injería se quedaba flotando en la sangre, incapaz de realizar su función, así que mis riñones trataban de expulsarla.

Nos enteramos que el haber desarrollado una diabetes del tipo 1 no era mi culpa, de hecho la ciencia aún no ha encontrado la causa de esta enfermedad. También nos enteramos que esta enfermedad no tiene cura y que yo tendría que convivir con ella de por vida. Nos dijeron que si esta enfermedad no fuera bien llevada podría llegar a matarme. Sin embargo, si yo me cuidase mucho podría vivir con salud y seguir haciendo todo lo que me gustaba hacer y a lo que aspiraba en el futuro.

Así que a los trece años, mi vida estaba en mis manos. Elegir vivir la vida que deseaba con salud, felicidad y aventuras, a pesar de esta enfermedad que te cambia la vida, estaba a mi alcance y decidí ir a por ello.

La diabetes del tipo 1 es un acto de equilibrio delicado. Si los niveles de azúcar son demasiado bajos, puedo desmayarme, tener convulsiones, entrar en coma e incluso morir. Si los niveles de azúcar son demasiado elevados, se me pueden presentar complicaciones a largo plazo, como sea daño a los riñones, pérdida de visión, afecciones del sistema nervioso y la pérdida de extremidades. Tengo que revisar los niveles de azúcar en sangre y lo hago punzando mi dedo varias veces al día. Luego cuando como, me tengo que inyectar insulina. El dosaje de insulina es increíblemente difícil, casi imposible de acertar porque hay muchos factores a tener en cuenta. Tomo insulina según la cantidad de carbohidratos que he planeado comer,  según el nivel de estrés que tengo en ese momento y que tendré en las siguientes horas, según el tipo de actividad que estaré realizando y la hora del día, y según en qué punto estoy de mi ciclo mensual…y la lista de variables sigue y sigue… No hay un segundo del día en que no esté pensando en mi diabetes y en manejarla.

Mis amigos y familia me dicen a menudo «Eres tan fuerte, Kailey». Sí, lo soy. Soy fuerte porque tengo que serlo.

«Kailey eres tan positiva». Sí, lo soy. Soy positiva porque tengo que serlo.

De hecho, la mayor parte de mis mejores cualidades y de mis grandes pasiones han nacido de lo que he experimentado con esta enfermedad. Soy fuerte, soy positiva, soy organizada, empática y cariñosa y puedo ver el bien en las personas y en las situaciones.

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Me encanta aprender sobre el cuerpo humano y me apasiona que el cuerpo, la mente y el alma estén alineados, sanos y felices. Para mí la salud mental es prioritaria y en mi lucha trato constantemente de aprender a manejarla.

Y todo gracias a la diabetes. De mi lucha diaria surgen mis superpoderes.

Volved la mente atrás y pensad en la experiencia más difícil de vuestras vidas. Es probable que esa vivencia os haya impactado enormemente.  Probablemente, os sacudió, os movió el tapete, os descolocó. Os hizo mirar el mundo bajo una óptica distinta. Es también probable que os ha conectado con gente que de no ser por eso nunca habríais conocido.  Probablemente os ha cambiado mucho la vida.

Ese momento fue la semilla que una vez plantada, aunque haya sido difícil y doloroso plantarla, creció y se convirtió en algo especial. Unas cualidades, unas características, unas habilidades que os han permitido florecer, o prepararos activamente para estar mejor equipados para las próximas fases de vuestras vidas.

© Alegría Pictures

¿Que si doy las gracias por mi enfermedad? ¡Claro que no! Si el día de mañana apareciera una cura, sería la primera en la cola. ¿Qué si tienes que estar feliz porque algo desagradable puso tu mundo de patas arriba? ¡Para nada! Sin embargo…

Cuando miro atrás al camino que he recorrido, veo como los vaivenes, los bajones y los tiempos difíciles y oscuros fueron la presión y el calor necesarios para crear diamantes. Mi lucha ha creado mis superpoderes.

Una vez que me di cuenta de esto, cambió mi perspectiva de los desvíos las barreras y las colisiones frontales, hablando metafóricamente, de mi vida .

Ahora, cuando se me depara un obstáculo, un reto, o surge un agujero negro y profundo, me recuerdo a mí misma que debo ser curiosa, investigar y echar una mirada a mi alrededor. ¿Cuál es la lección? ¿qué me veo forzada a aprender? ¿a  qué nuevo camino me está guiando esta situación? No busco necesariamente lo positivo de la situación. Francamente, no hay nada positivo en el hecho de vivir con diabetes del tipo 1.  Lo que sí hago es abrir los ojos, los oídos y el corazón a lo que se me está enseñando.

Y cuando las cosas se ponen duras, me recuerdo a mí misma que crecer puede ser muy doloroso y que no tengo que fingir que no es así. Sin embargo, todo ello es necesario para que evolucione hacia la mejor y más completa versión de mi misma.

Cuando la lucha es real me digo a mí misma: «Esto también pasará y cuando pase, ¡atención mundo! yo tendré un nuevo superpoder.»

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CUÁL
ES MI
PRÁCTICA?

Siempre trabajo para profundizar en mi presencia en el momento; la manera en que lo hago cambia constantemente y evoluciona. En todas las etapas de mi trayectoria practico estar plenamente presente, para lo cual me valgo de una combinación de yoga, meditación, escribiendo un diario y pasando mucho tiempo en la naturaleza. A la medida en que voy creciendo y evolucionando, mi manera de practicar la presencia plena va moviéndose conmigo. A veces, lo que más se me antoja es hacer yoga lentamente, con mucha meditación, otras veces lo que más me apetece es caminar por el bosque y parar para hacer una secuencia de yoga dinámico, al paso que hay veces en las que lo necesita mi alma es flotar durante horas en mi tabla de paddle en el lago. La vida es fluida y siempre cambiante, mi práctica se mueve y se transforma conmigo.

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Kailey Lefko

Cuando Kailey encontró el yoga se enamoró inmediatamente de la postura del perro boca abajo. Es profesora de ciencias y quería combinar su amor por la enseñanza con su pasión por yoga y wellness, así que en 2015 decidió formarse como profesor de yoga,  participando en el curso de 200 horas Life Changing impartido por Meghan Currie en Nicaragua. Kailey es actualmente propietaria y dirige el centro Still Cove Yoga y da clases de yoga y de meditación en su comunidad, así como realiza talleres de yoga y de meditación en escuelas dirigidos a estudiantes y a profesores. Para más información sobre Kailey y sobre el centro Still Cove Yoga, visita la página web y síguela en Instagram @stillcoveyoga