FIN AL PERFECCIONISMO

por Irena Alda, profesora de Yoga

¿Sientes que la competitividad conduce tu vida? ¿Te enfadas o entristeces cuando las cosas no salen como quieres? ¿Sientes que hagas lo que hagas nunca es suficiente y no te sientes satisfecho? Te diré algo: TÚ ERES LO MÁS IMPORTANTE EN TU VIDA. Ni tus estudios, ni tu trabajo, ni tu sueldo, ni tu cuerpo físico, ni tus relaciones, ni tu hogar, ni tu familia, ni tu coche… TÚ. No dejes que el mundo que nos rodea controle tu vida.

Cada día en Instagram se publican miles de fotos de asanas perfectas, de yoguis flotando a handstand y posiciones que parecen imposibles. Frecuentemente se genera una necesidad de perfección, de competición con uno mismo y de altas expectativas. Y no sólo ocurre en el yoga, sino que se traslada a otros aspectos en la vida.

Yo era así durante el instituto. Me planteaba unos objetivos muy exigentes, pero asequibles con mucha dedicación. Sacar menos de un sobresaliente en un examen era inaceptable, y esto mi cuerpo lo reflejaba con nervios en mi estómago y ardores. Además, mis uñas se rompían y mi piel y pelo estaban secos y tenía ataques de pánico.

Al entrar en la universidad, todo parecía ir bien hasta que llegaba la época de exámenes: mi cuerpo reaccionaba de la misma forma. Me sentía en un ambiente extremadamente competitivo y lleno de presión. Creía que lo que me sucedía se debía a mi alrededor, pero mi peor enemigo era yo misma. Era demasiado perfeccionista. No me quería ni me aceptaba a mí misma si no cumplía los objetivos que me planteaba. Recuerdo el día que llegué a casa después de un examen de mecánica y ondas, que no era difícil (generalmente no había esa suerte), y no había contestado bien a una pregunta sencilla de dos puntos. Fue abrir la puerta y me desaté. No podía parar quieta, me atacaba con pensamientos negativos que me infra-valoraban. Necesitaba liberar energía y, entonces, lo que hacía era salir a correr, a tope, a desfogarme. Más o menos funcionaba, pero no conseguía prevenirlo en futuras ocasiones. Y por si fuera poco, además practicaba atletismo de competición; parecía estar un bucle infinito.

En el fondo, yo quería estar sana y sentirme en paz: una digestión buena, un cuerpo fuerte y una mente clara. Mi madre me dijo “no puedes seguir haciéndote esto a ti misma. Podrían salirte úlceras”. Me chocó. Me bajó a la tierra. Tenía razón pero no encontraba las herramientas para aprender y desenvolverme en el día a día. Tuve mis subidas y bajadas, hasta que a los 20, fui a estudiar tercero de carrera a San Diego, California, donde entré por primera vez en una clase de yoga: “quédate hasta donde estés cómodo”, “no importa si te caes”, “respeta donde está tu cuerpo hoy”. Ideas tan diferentes a mi forma de pensar en atletismo y durante mis estudios de física: todo tenía que ser al máximo rendimiento y esfuerzo. Era como si la competitividad fuese mi droga. Por supuesto, el cambio no ocurrió de un día para otro; fue un proceso. ¿Mis herramientas? Yoga, meditación y una dieta equilibrada.

Desgraciadamente, aquello que me atormentaba también lo veo en la comunidad del yoga.

No te sientas mal si te identificas con sentimientos de “búsqueda de la perfección”. Aprende a redirigirlos, permite que sean un aprendizaje: de paciencia, de amor hacia ti mismo, y de aceptación. Recuerda que el objetivo no es ponerte la pierna detrás de la cabeza, sino disfrutar y aprender del proceso.

El yoga es una herramienta desarrollo personal, no el fin. La relación que he observado con asanas avanzadas es la siguiente: tu cuerpo está preparado para ello y lo intentas e igual no ocurre. Entonces, lo vuelves a intentar otro día (y otro, y otro, y otro…) y no sale, y de repente, cuando menos te lo esperas, floreces. Las asanas van y vienen. Cultiva el desapego. No todos los días nos encontramos igual: disfruta de las diferencias de cada día, de la diversidad y del cambio.

Cada oportunidad que se nos presenta está para aprender, no para ahogarse en ella. Cada persona o situación está ahí para enseñarnos algo; y el “problema” es cómo vemos la situación, no la situación en sí misma. Es la percepción la que nos genera estrés, enfado, ansiedad o tristeza y podemos cambiarla para sentir paz, alegría y felicidad.

¿Hay algo que puedes hacer ahora mismo? ¡Por supuesto! Para empezar, esta asana de la foto que invita a la aceptación, a buscar el equilibrio entre el esfuerzo y el relax. Ve despacio. Respeta donde estás y disfruta del camino.  También te invito a usar mi mantra: Estoy viva, estoy radiante de salud. Mi corazón y pulmones nutren mi cuerpo. Me merezco amor y ser feliz.

Un recurso que funciona muy bien es crear una rutina o ritual al despertar. Puede ser beber agua caliente con limón, dedicar 5 minutos a respirar consciente, hacer algo de deporte… lo que te sirva a ti. Si te apetece indagar un poco más, puedes descargarte mi rutina para comenzar el día aquí, donde comparto contigo mi método para encontrar el equilibrio y la aceptación en tu día a día.

CUÁL
ES MI
PRÁCTICA?

La práctica que sigo actualmente es variada: me muevo en la esterilla todos los días. A veces hay más elementos de fuerza, otros hay más espacio para la introspección y la flexibilidad o simplemente coloco las piernas contra la pared durante 10 minutos (relax instantáneo). Me encanta ponerme retos y divertirme con ello. Lo vivo desde la curiosidad y la humildad: riéndome si me caigo y sorprendiéndome cuando no. Correr sigue siendo una parte de mí: es mi meditación en movimiento. Me centro en la respiración, en mi zancada, y en los sonidos a mi alrededor.

Irena Alda

Irena Alda

Irene tiene 24 años y realiza su doctorado en física en Barcelona. Imparte yoga desde hace casi 4 años desde la intención de “encontrar el equilibrio y la búsqueda de la aceptación”. También le gusta salir a correr y descubrir nuevas y ricas recetas. Irene se centra en crear herramientas de desarrollo y crecimiento personal a través del yoga y la alimentación. En nuestro día a día estamos expuestos a muchísima información, expectativas y competitividad. Necesitamos algo que nos devuelva a la tierra, que nos centre, que nos de paz interior y que nos ayude a encontrar la felicidad en uno mismo.

Sus clases son intensas y fluidas, creando fuerza, flexibilidad y con tiempo para jugar y experimentar. Las explicaciones son directas, dando espacio al alumno para mantener una mirada introspectiva e incluyen elementos de masaje tailandés. ¡Anímate a probar el yoga!

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